También conocida como la Bóveda del fin del mundo, está ubicada en el Ártico Noruego, aproximadamente a 1000 kilómetros del polo norte. Se eligió la región de Svalbard por sus bajas temperaturas que permite la creación de permafrost en su suelo, lo que ayudaría a mantener las semillas en un óptimo estado, incluso si el aire artificial de la bóveda llegase a fallar.
Además, Svalbard es una zona que está fuera de
conflictos bélicos y políticos, lo que da seguridad de que no será blanco de
algún ataque. También ofrece ventaja al
encontrarse cerca de un aeropuerto, lo que permite que las semillas puedan
ingresar con mayor facilidad sin correr riesgos durante su traslado.
Su mayor antecedente fue la creación del Banco
Genético Nórdico para semillas en 1984, mismo que operaba en una mina en
desuso, esta mostraba riesgos inminentes.
En 2001 las Naciones Unidas planteó la idea de crear una infraestructura
segura y que tuviera alcance a nivel mundial, conectando los aproximadamente
1700 bancos de Genoplasma existentes en el globo.
Para 2004 se desarrolló el estudio de
factibilidad técnico y político que avala Svalbard como el mejor lugar para su
construcción. El 1 de marzo de 2007 se
iniciaron operaciones con una inversión de 9 millones de dólares entregados por
el Reino Noruego y el proceso estuvo a cargo de la empresa consultora
Statsbygg.
Excavaron un túnel de 146 metros, que conduce a
120 metros al interior de la una montaña en la isla Spitsbergen. En su interior se construyeron tres bóvedas
distintas de 27 metros de longitud cada una utilizando temperatura artificial
de -18C. Construida con máximo monitoreo
de seguridad, como cámaras de vigilancia, sensores de movimiento, puertas
blindadas y códigos de accesos. Además,
su exterior está diseñado para salvaguardarlo contra desastres naturales con
una esperanza de vida útil de 200 años.
Para obtener las semillas, se realizaron viajes
a diferentes países del mundo para explicar el mensaje y recolectar las
semillas bajo la consigna “comparta sus semillas y salve al mundo”. Las comunicaciones iniciales se hicieron con
los grandes bancos genéticos, solicitando ayuda a estos para persuadir a los
pequeños bancos a unirse al proyecto.
Para el 2008, se inaugura la Bóveda Global de
Semillas de Svalbard con 320,000 ejemplares.
Actualmente cuenta con aproximadamente 1 millón en su inventario y tiene
capacidad para almacenar alrededor de 4,5 millones de semillas.
Un año después de su apertura, por los ataques
en Siria, el Banco de Semillas de Alepo se vio seriamente dañado, por lo que
fue necesario realizar el primer retiro y con ello nacieron dos nuevos bancos
de semillas para zonas áridas ubicados en el Líbano y Marruecos.
Debido al cambio climático, el permafrost no se
pudo regenerar en su totalidad, provocando filtraciones en el inmueble,
afortunadamente las cámaras de semillas permanecían secas, pero era necesario
ejecutar una mejora. En 2018 se inició
una renovación con presupuesto total de 12,7 millones de dólares, misma que
finalizó en 2019.
Actualmente la Bóveda es operada por el Centro
Nórdico de Recursos Genéticos en Cooperación con el Ministerio de Agricultura y
Alimentos de Noruega y el Global Crop Diversity Trust. La infraestructura es propiedad del Reino de Noruega,
pero las semillas son propiedad del Banco Genético y el servicio se ofrece de
forma gratuita.
Cabe recalcar que, el arte esta presente en
esta construcción, dado que su techo fue creado por Dyveke Sanne y la obra
lleva por nombre “Repercusión Perpetua”.
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